MALVINA BUSH
Especial/ El Nuevo Herald
''Yo soy la mascota de mi gato'', o ''el perrito de mi perro''. Cuando preguntaron a los encuestados: ''¿Quién lo escucha y lo comprende mejor?'', el 47 por ciento escogió a su mascota, comparado con el 32 por ciento que eligió a su pareja o a otra persona.
Esto muestra la importancia de las mascotas en nuestra sociedad cargada de presiones. Los sociólogos, psicólogos y otros expertos señalan el beneficio que representan para el individuo, o la familia, por el placer de su compañía y su amor incondicional, entre muchas otras cualidades, especialmente su intrínseco valor terapéutico, algo que quizá muchos dueños no estén completamente conscientes de ello.
Muchos estudios y programas donde se emplearon mascotas --la mayoría perros-- para tratar a los enfermos mentales, motivar a los ancianos, calmar a personas con tendencias agresivas y aliviar la melancolía de los que viven solos, revelaron una marcada mejoría en quienes recibieron el tratamiento gracias a la interacción frecuente de una mascota.
Tener una mascota alivia con más efectividad los niveles de estrés y reduce la presión arterial (confirmado por un estudio publicado en la revista American Journal of Cardiology). Los efectos positivos también se extienden al sistema inmunológico, que se fortalece.
El apego a una mascota es la clave para sus beneficios, observa el doctor Daniel Lago, de la Universidad Estatal de Pensilvania, que dirigió un programa en que se dieron mascotas a 65 personas mayores ya jubiladas . En algunos se pudieron observar mayor actividad social y mejor salud física.
En el sondeo de American Animal Hospital Association, la mayoría de los encuestados dijo que provee ejercicio diario para su perro, sacándolo a caminar, jugar, etc. Esta actividad beneficia a los propios dueños con el necesario ejercicio y el aire fresco, aparte de las oportunidades que se presentan de socializar con otros dueños de mascotas.
''Las mascotas no juzgan, ni critican, ni amenazan, sino que aceptan a su dueño sin pedir nada'', dice el doctor Gerald J. Westbrook, de la Universidad del Sur de California. ''A diferencia de las parejas, o los padres, no refunfuñan, ni critican u ordenan. Estas criaturas les dan a las personas algo para cuidar, preocuparse y sentirse queridas y necesarias. También proveen una razón, un motivo socialmente aceptable para el contacto físico''. •
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